Sobre la guerra civil española

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PÉREZ-REVERTE, Arturo: La Guerra Civil contada a los jóvenes (con ilustraciones de Fernando Vicente). Ed. Alfaguara, Madrid, 2015.

Van a cumplirse 80 años del inicio de la Guerra Civil española y, hace pocos meses, se presentó en Madrid la nueva obra del periodista y novelista Arturo Pérez-Reverte, La Guerra Civil contada a los jóvenes, con unas magníficas ilustraciones de Fernando Vicente (muchas inspiradas en conocidas fotografías de la contienda). Pérez-Reverte afirmó que su intención era relatar la guerra “de una manera objetiva y limpia”, y no lo ponemos en duda. También dijo que su mayor fuente de inspiración había sido el escritor Manuel Chaves Nogales, periodista en los años de la guerra que publicó A sangre y fuego, unos magníficos relatos  acerca de la tragedia española de 1936-39.

Nos parece loable el esfuerzo de síntesis realizado por Pérez-Reverte y su capacidad para escribir de manera sencilla, clara y directa sobre un conflicto tan complejo como aquel. Sin embargo, después de una primera lectura, quizás demasiado apresurada (el libro se lee en poco más de media hora), tenemos derecho a discrepar de algunas de las decisiones a la hora de seleccionar los episodios relatados, alguno de los cuales lo consideramos poco relevante. Pero lo más llamativo son dos ausencias y un error, supongo que motivado por no contrastar suficientemente alguna afirmación vertida en el libro:

Primero, a pesar de reconocer de entrada que la Guerra Civil se produjo por un golpe de Estado ilegítimo contra un gobierno legítimo, nos extraña que el autor no mencione el apoyo explícito de la Iglesia a ese golpe y la justificación que la Iglesia católica hizo de la guerra española, calificándola de Cruzada; sin embargo sí se mencionan los asesinatos de seis mil clérigos (fueron unos siete mil). Creemos que los jóvenes deben conocer lo que hizo la Iglesia en aquellos momentos y que aún no ha dado explicaciones al respecto.

En segundo lugar, se cita, en el campo de los “nacionales”, a Franco, Millán Astray o Primo de Rivera, mientras en el lado republicano aparecen Machado o Lorca y se narra el famoso incidente de Unamuno en Salamanca; nos parece un olvido poco justificable que no se diga nada sobre Azaña, o Negrín, o algún general como Rojo (parece que nadie gobernaba en la zona republicana) y sí se está el nombre de un personaje despreciable del campo republicano: el coronel Casado. En nuestra opinión, los jóvenes deben saber quiénes fueron Azaña o Negrín.

Y por último, y este es el error más grave, Pérez-Reverte no duda en afirmar que la ayuda de la URSS a la República se basó en el interés de Stalin en que se instaurase en España un régimen comunista; esto no es cierto en absoluto: ni era posible en aquel momento que en España triunfase una opción comunista y ni siquiera entraba en los planes de Stalin, sólo pendiente de asegurar sus fronteras frente al previsible ataque alemán, conservar las buenas relaciones con Francia y Gran Bretaña, así como mantener su imagen de líder del antifascismo; además, la República tuvo que pagar ese apoyo con el oro del Banco de España. Este asunto es de capital importancia porque una de las justificaciones que se dio del golpe de Estado era que tenía como objetivo evitar la instalación del comunismo en España, algo que ni los comunistas españoles planteaban en esos momentos, pues sólo querían asegurar la democracia republicana.

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