Certamen Literario

Si el años pasado fue Sergio de la Calle Iglesias, un año más, nuestro centro ha obtenido un galardón en el Certamen de Cuentos sobre el Medio Ambiente del Ayuntamiento de Gijón, en su V Edición: Arantxa Ibáñez Domínguez -3º de ESO- ha alcanzado el primer premio en la categoría de 2º Ciclo de Ed. Secundaria. He aquí su relato y que cada uno juzgue:

RELATO DE UNA MADRE HERIDAc243x204_v1_fotonoticia

Me gustaría empezar con había una vez.  Pero esto, nunca debería haber sido. Y sería aún peor empezar con un tópico tan clásico de los cuentos, cuando, en realidad, no hay nada. Yo ya no soy nada. Tan siquiera recuerdo, tan siquiera cadáver, tan siquiera ruina. Nadie me recuerda porque no hay nadie para hacerlo. No se pudo encontrar mi cadáver porque el mero hecho de su existencia ya daría lugar a un sitio donde albergar a los seres que me echen de menos. Pero eso no es posible, ya os lo he dicho. No hay nada ni tampoco nadie.  Supongo que siento sonar tan triste, tan rotunda. En realidad sentir, no puedo sentir nada, estoy mutilada, destrozada, extinguida. Pero me gustaría poder contaros otra historia. Creedme que sí, las historias felices me gustan, son bonitas, pero también mentira. Por lo menos conmigo. No se han portado nada bien. ¿Sabéis ese momento cuando lo dais todo y aún así no recibís nada? Solo maltrato. Solo castigo. Cada día me veía más débil, pero yo no dejaba de quererles. Formaban parte de mí, igual que yo de ellos. Lástima que no fueran conscientes.

Creo que no les guardo rencor, mi mayor venganza fue su extinción. Pero perderles a ellos supuso mi autodestrucción. La diferencia es que yo puedo volver al mismo punto del que nunca debería haberme ido ¿pero ellos? Hay una posibilidad entre millones de que los mismos átomos, las mismas moléculas, chispas y energía decidan volver a crearlos y, en el caso de que tuvieran esa suerte, tendrían que empezar de cero para volver a escribir su punto y final. Sería gracioso verlo, está dentro de la propia naturaleza humana su autodestrucción, pude observarlo en silencio a lo largo de los años, cómo se amaban y cómo se mataban unos a otros. Testarudos, tenaces, siempre imponiendo sus emociones pero sobre todo avariciosos. Quisieron quitarme lo que era mío. La venganza es un plato que se sirve frío, tan frío fue que en eso quedó reducida la Tierra. Frío. Mucho frío. Creo que a veces me dan pena. La impotencia era mutua. Ellos veían llegar mi fin, se preocupaban de cómo se las arreglarían. Ingenuos. No había posibilidades. Ocultar verdades con mentiras no extingue las verdades, ellas seguían ahí, riéndose de su inocencia. Mientras tanto yo ya sabía lo que iba a pasar, supongo que más por compasión que por egoísmo se lo intenté hacer ver. Pero nada. Ellos seguían a lo suyo. Explotando sus recursos, intentando llegar cada día más lejos. Como he dicho sois unos avariciosos. Es curioso cómo el propio progreso provocó la vuelta al Origen ¿no creéis?

Fueron muchos años. Demasiados. Al principio, como todas las historias de romances, pasión, infidelidad y venganza, todo era muy bonito. En un pacto de silencio, yo los mantenía con vida y ellos me dejaban tranquila. Me apreciaban. Realmente lo hacían. Los tipos de las tribus eran muy graciosos cantándole al Sol, al agua, a las estrellas y a veces, a mí. Pero las cosas no podían quedarse para siempre así, si no, no habría historia. Con el tiempo, taparrabos, canciones y pinturas se sustituyeron por locos que afirmaban que una fuerza mayor los había creado. Esa fuerza fue motivo de guerras, muertes y violencia desde el momento de su creación. Lo llamaban religión. Continuando a través de la historia, llegó un momento en el que las cabezas cuadradas inundaron el planeta, dejando de lado dioses y mandamientos, llegando con otra historia… que me asustó. Lo llamaron ciencia. Me olió mal desde el principio. Acerté. Les ayudó, fue muy útil, claro que sí. Pero volviendo a vuestra fama de avariciosos, las ansias de experimentar lo prohibido, de ser cada vez algo mayor quizás fueron vuestra arma suicida.

Podría entretenerme en contaros más, fueron muchas civilizaciones, muchos tipos majos, muchos enfados, muchas formas de intentar aplacarme y de no conseguirlo. Pero, ¿para qué? Ya no soy nada, no debería estar contando nada. De todas formas ¿a quién? Ya no estáis. Ninguno de nosotros lo estamos. Vosotros os encargasteis. Os sigo queriendo, hermosa humanidad. Son las debilidades en vuestra propia naturaleza lo que me hicieron amaros ciegamente durante tanto tiempo. Pero, hay errores irreversibles. No digáis que no os lo advertí.

Ah se me olvidaba presentarme.

Debe de ser el exilio, me sienta muy mal.

Soy la Madre Naturaleza.

Y fue un placer conoceros.

Cuando aun seguíamos

con

llámalo vida

llámalo autodestrucción

Que frío hace

Ojalá pudiera volver a casa.

Hasta siempre mis dulces pequeños.

No digáis que no os lo advertí.